Tomás Bisonó 6 junio, 2016

Peligros de la especialización temprana en natación

Cuando se trata de atletas jóvenes he observado deportistas con un talento enorme, quienes acabaron desertando a destiempo el deporte porque se les exigió mucho en un solo deporte cuando fueron niños. La especialización temprana es un hecho que cobra la carrera deportiva de muchos atletas que pudieron llegar a ser campeones.

Nuestra sociedad está en constante movimiento. Las demandas sociales son cada vez más exigentes, en especial cuando hablamos del desempeño deportivo de nuestros atletas más pequeños, nuestros hijos. En ciertos círculos sociales parece que la conversación evoluciona a alrededor de lo que el hijo de una pareja hizo en su juego de béisbol más reciente o las medallas de oro que ganó en natación la niña de otra familia. Sorprendentemente esos diálogos no abarcan los aspectos más importantes del desarrollo de los deportistas jóvenes como qué aprendieron durante la práctica de su deporte o durante el transcurso de su último torneo o competencia.

Es cierto que los deportes hacen que salgan algunas de las emociones más fuertes que los seres humanos tenemos dentro, pero también es importante que sepamos medir hasta donde vamos a permitir que se manifiesten esas emociones. Cuando se trata de nuestros jóvenes atletas, como adultos muchas veces ponemos nuestras intereses delante del bienestar físico y emocional de nuestros hijos. Esta falla nos podría llevar a uno de los peores errores que muchos padres podemos cometer: especializar a temprana edad a nuestros pequeños en un solo deporte.

A lo mejor nuestro pupilo preferido nació con un talento nato para la natación o tal vez para el baloncesto o el tenis y por lo tanto desde que nos damos cuenta que él posee buenas habilidades queremos explotarlas lo más pronto posible. Lo que no nos damos cuenta es que pudiéramos estar exponiendo a ese deportista en desarrollo a un mayor riesgo de lesiones y tal vez a una corta carrera atlética. Antes de tomar una decisión de la cual podríamos arrepentirnos, debemos preguntarnos por qué deseamos especializar temprano a nuestro atleta.

La actividad atlética posee el potencial de desarrollar una afección por el movimiento y por la actividad física que podría durar toda un vida. Fomentando este potencial podríamos estar sembrando la semilla para que nuestro campeón en miniatura se convierta en un longevo deportista. Asimismo, el deporte es uno de los medios más efectivos para enseñar a nuestros hijos sobre disciplina. No es secreto para ningún padre que alguna vez practicó deporte los sacrificios que hay que hacer para mejorar el nivel competitivo. Pero para mí el mayor beneficio de la práctica deportiva es el que les enseña a nuestros pequeños el significado de la gratificación dilatada.

Por gratificación dilatada me refiero a todo el proceso de establecer metas a corto, mediano y largo plazo. Cuando nuestros hijos empiezan a crecer en un ambiente en el que siempre se está hablando de metas y se les hace hincapié que para lograr esas metas deben esforzarse, su psiquis empieza a crear nuevos puentes neurológicos que al quedar establecidos podrían servir para todas las áreas de su vida en las que se desenvuelvan como jóvenes y adultos.

3 categorías para el desarrollo del deportista a largo plazo

Todos los padres deseamos que nuestros hijos tengan un buen comienzo como deportistas, pero en mi opinión la especialización deportiva no es la respuesta que debemos perseguir. Si nuestra objetivo principal es mejorar las habilidades atléticas de nuestros deportistas en desarrollo, debemos separar esa objetivo en 3 categorías a las que podemos dar seguimiento mientras el atleta vaya atravesando las fases sensibles de crecimiento. Estas categorías son:

  1. Desarrollo del acondicionamiento y la fuerza
  2. Desarrollo de las habilidades y la técnica
  3. Sembrar la pasión por el deporte y por la competencia

Desarrollo del acondicionamiento y la fuerza

Existen muchos aspectos negativos en el especializar temprano a un atleta. Aquellos deportistas que únicamente practican un deporte tienen entre un 70% a 93% mayores probabilidades de lesionarse. Asimismo, es más probable que esos atletas en desarrollo sufran prematuramente los efectos del agotamiento físico y mental (burnout).

Por otro lado, hay muchos aspectos positivos que se crean a través de la participación desde la niñez en más de un deporte. Además de prevenir lesiones, la práctica de múltiples disciplinas deportivas contribuirá a que nuestros campeones en miniatura se desarrollen como deportistas balanceados ya que ciertas habilidades son transferibles entre algunos deportes, o sea que su involucramiento en más de una actividad física logrará el desarrollo de habilidades deportivas generales.

Es posible que muchos de los mejores deportistas de la historia hayan alcanzado el nivel que lograron al involucrarse en la práctica de más de un deporte. Por ejemplo, Tim Duncan, quien jugó la posición de centro para los San Antonio Spurs en la Liga Nacional de Baloncesto (NBA), fue nadador en su nativa isla de Saint Croix, Islas Vírgenes. Las habilidades de Duncan en la piscina eran tan sorprendentes que pudo haber logrado su clasificación para los Juegos Olímpicos de Barcelona si no hubiera sido por el cierre de la piscina donde entrenaba, la cual fue destruida por el Huracán Hugo en el año 1989.

Dara Torres, múltiple medallista olímpica en natación y ganadora a la edad de 42 años de la medalla de plata en los 50 metros libre en los Juegos Olímpicos de Beijing en el año 2008, se destacó también en voleibol mientras estudiaba en la Universidad de Florida.

El objetivo de incentivar a nuestros pequeños campeones a participar en más de un deporte no es convertirlos en estrellas en todos los deportes en los que estén involucrados, sino lograr su desarrollo como deportistas completos.

Desarrollo de las habilidades y la técnica

En años recientes se ha desatado un debate entre expertos que apoyan una de dos teorías. Por un lado tenemos la noción que los deportistas adquieren altos niveles de pericia después de años de sigilosa práctica en su deporte predilecto. Por el otro encontramos investigadores a los que sus búsquedas aparentan avalar que la excelencia deportiva viene dada por un gen mágico que distingue poblaciones de algunas zonas geográficas en el mundo.

El autor Norteamericano Daniel Coyle escribe extensamente sobre el tema de la pericia en su libro titulado “The Talent Code“. En ese texto, Coyle revela que alcanzar altos niveles de pericia se logra por medio de tres componentes básicos: motivación, mentoría y entrenamiento. Partiendo de este concepto es importante que entendamos que el objetivo nunca debe ser el de registrar un gran número de horas de práctica por el simple hecho de acumularlas, es más importante la intención y la experiencia que se puedan sacar de todo el proceso.

La clave aquí está en las conexiones neurológicas que experimentamos a través de los años y  que logramos al estar plenamente inmersos en la práctica de nuestro deporte. En esencia, la pericia surge a partir de la habilidad particular que lleguemos a desarrollar en un deporte en específico.

Por otro lado, el autor de uno de mis libros preferidos “The Sports Gene”, el también Norteamericano David Epstein, nos expresa que la mayoría de los atletas no requieren 10000 horas o 10 años de trabajo específico en un solo deporte para desarrollar su potencial. Al nivel élite los atletas sólo han practicado unas 4000 horas trabajando ciertas habilidades específicas, aunque sí hayan acumulado 10000 horas de práctica entre todas las actividades físicas o deportes en conjunto.

Sin importar cual de las dos tendencias de pensamiento favorezcas, lo importante es comprender que ningún atleta joven debe practicar un único deporte durante todo el año. Nuestros infantiles y juveniles deben participar en una multitud de deportes que les permitan aumentar sus niveles de destreza.

Hasta la edad de 12 años, el 80% del tiempo dedicado a actividades físicas debe ser usado en deportes diversos, sin prestar mucha atención a dedicar tiempo a uno de ellos de manera exclusiva. Asimismo, entre las edades de 13 a 15 años el tiempo dedicado a los deportes debe dividirse en 50% para el deporte principal y 50% a otras actividades físicas. Finalmente, a partir de los 16 años podemos empezar a especializar, pero sólo dedicando hasta un máximo del 80% del tiempo al deporte principal.

Sembrar la pasión por el deporte y por la competencia

A todos los deportistas jóvenes se les debería permitir su inscripción en múltiples deportes para que ellos mismos encuentren aquellas actividades que les apasionan, pudiéndose convertir en deportistas completos.

Para fomentar la pasión hacia la actividad física uno de los programas sugeridos por el entrenador personal Estadounidense y fundador de Ritter Sports Performance, Chris Ritter contiene los siguientes elementos:

Otoño –> Fútbol; fomenta el acondicionamiento y los reflejos en las extremidades inferiores.

Invierno –> Artes Marciales; trabajan la fuerza, el balance corporal y las habilidades motoras.

Primavera –> Béisbol o Tenis; Mejoran la coordinación manos-ojos.

Verano –> Natación; acondiciona el cuerpo como ningún otro deporte.

Seguir este plan de manera consecutiva por varios años podría ayudar a desarrollar el disfrute de la actividad física en nuestros pequeños campeones. La ventaja principal de este tipo de programas es que les permite a los niños decidir por sí mismos lo que más le gusta.

Mediante una variada práctica deportiva ellos aprenderán a disciplinarse y a exigirse a sí mismos sin que lleguen a exponerse a lesiones o al agotamiento físico y mental. Lo que debemos preguntarnos es por que los atletas que se especializan desde pequeños sufren de mayores grados de frustración que los llevan a culminar sus carreras prematuramente. Tal vez esa deserción tiene raíces en la manera fueron exigidos o tal vez en las pocas oportunidades que tuvieron de diversificar su experiencia deportiva.

Preguntémonos, ¿cuál es nuestra meta al someter a nuestros pequeños atletas a una experiencia deportiva? Mi opinión personal es que el objetivo debe ser siempre desarrollar el atleta para convertirlo en un deportista completo, lo que fomentará la afinidad por la actividad física el resto de su vida.

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