Tomás Bisonó 4 agosto, 2015

Más Grande, Más Rápido, Mejor

Todos los atletas pasamos por episodios donde cuestionamos la calidad de nuestra preparación. Mi experiencia ha sido que si atraviesas todas las etapas de una sólida preparación y lo atas con buenas practicas de visualización, tendrás todas las herramientas para bloquear las dudas que aparezcan en tu mente en los momentos previos a tus carreras.

11:00am, sentado en el fondo de la sala de espera me encuentro, intentando por todos los medios de mantenerme sereno. Ya no resta más tiempo de preparación; es hora de ejecutar. Escucho otros competidores, todavía preocupados si la salida o el viraje les saldrá bien, o en cual parcial de tiempo piensan cruzar. Me pongo mis audífonos. Escucho la música de Bob Marley. Su música siempre ha tenido la facultad de relajarme.

Van progresando las series. En pocos minutos, nuestra serie será llamada al frente. Llegó la hora esperada. Siento como la adrenalina va fluyendo por mis venas, en anticipación al esfuerzo al que estoy a punto de someter a mi cuerpo. Es un sentimiento que experimenté muchas veces como nadador juvenil, pero que como atleta adulto hacía años no percibía.

Ya en el área pre-carrera, me pongo el gorro y los goggles. Me aprieto mi bañador y me dispongo a bloquear cualquier distracción a mi alrededor. Primero, otros competidores me desean suerte. Escucho desde las gradas, palabras de aliento “Duro Tomás”. Me pongo de nuevo los audífonos. Estoy listo.

Estoy sembrado en la última serie del evento. Nos piden que nos pongamos de pie y en fila antes de proceder a las plataformas de salida. Empiezo a tener visión de túnel, como si el único camino fuera hacia adelante y detrás de otros competidores. Empezamos a avanzar. Por unos pocos pasos lo único que miro son mis pies mientras caminamos hacia el área de partida. Miro hacia el frente. La serie anterior está nadando la prueba. El olor a agua clorinada llena mis fosas nasales; es un olor familiar.

Detrás de las plataformas y de las personas encargadas de manualmente cronometrar las carreras, encuentro un canasto donde coloco mi ropa, zapatos, sombrero y credencial. Finaliza la serie anterior. Ya sólo en bañador, procedo con mi rutina pre-carrera; he seguido el mismo ritual desde los 13 años. Estiro mis piernas, mojo mi cara y mi torso con agua de la piscina de competencias y me persigno, encomendándome al Señor. Llegó el momento.

Cuántas veces visualicé este momento en un espacio callado y tranquilo en la comodidad de mi hogar. Ya no más visualización. Todo el tiempo y esfuerzo dedicado en preparación a este momento es lo que me ayuda a estar confiado. Incontables kilómetros nadé para tratar de nadar los 100 metros en el menor tiempo posible. Por un instante pienso en mi esposa e hija, esto es dedicado a ellas. Me digo a mi mismo: “Estás listo”.

La carrera transcurre con un sentimiento de deja-vu para mi. Y no es raro que esto me esté sucediendo, visualicé tantas veces estar aquí que el transcurrir de los metros es un mero repaso de lo que ya había vivido. Al finalizar la carrera y tocar la pared miro la pizarra electrónica. El tiempo es un poco más lento de lo que anticipé, pero al mismo tiempo siento satisfacción. Es el mejor registro en esta prueba en 22 años.

Emerjo del agua. Las piernas me tiemblan. Siento una gran quemazón en los muslos. Ese sentimiento no lo conocía, o por lo menos no lo recordaba. Los efectos físicos de un gran esfuerzo a final de la carrera se sienten en carne viva. Una vez estos subsanan puedo contemplar lo que sucedió y sacar conclusiones sobre qué debo mejorar para lograr una mejor marca la próxima vez.

Llego al área de hidratación. Otros competidores me felicitan y yo a ellos. Ha culminado el evento que por muchos meses me preparé para nadar. Esas experiencias me pasan por el subconsciente, casi todas de manera simultánea. Contemplo lo que requirió llegar allí y me siento agradecido de todo el mundo que confió en mí y me apoyó en esta travesía. Lleno de orgullo cierro los ojos y me digo a mi mismo, “valió la pena”. Creciste en experiencia, por lo tanto eres ahora más grande; con tu dedicación mejoraste tus marcas, por eso ahora eres más rápido; sin estas vivencia no podrías contar a otros lo que requiere llegar aquí, eres ahora mejor.

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