Tomás Bisonó 5 noviembre, 2015

Cronología de una lesión

La naturaleza humana es en general optimista. Somos una especie que siempre esperamos que nos suceda lo mejor. No está en nuestra naturaleza prepararnos para lidiar con situaciones adversas. Tal vez es la razón por la cual nos desilusionamos cuando somos afectados por situaciones como una lesión. Esta es mi historia.

La naturaleza humana es en general optimista. Somos una especie que siempre esperamos que nos suceda lo mejor. No está en nuestra naturaleza prepararnos para lidiar con situaciones adversas. Tal vez es la razón por la cual nos desilusionamos cuando somos afectados por situaciones como una lesión.

Desde mis inicios como nadador competitivo y durante casi 15 años practicando la natación, sólo recuerdo haberme lesionado dos veces con un grado de suficiente seriedad como para sacarme del agua por varias semanas.

Por esta razón, al sufrir dos lesiones en años consecutivos, decidí evaluarme internamente para determinar las razones que dieron origen a ambas condiciones, aprender de ellas y contar mi historia.

Un sueño en llamas

La misma inicia en Junio del 2014. Restaban aproximadamente cuatro semanas de ardua preparación para nuestra partida hacia los XV Campeonatos Mundiales de Natación Masters, Montreal 2014. 8 meses de incansables entrenamientos estaban a punto de llegar a su desenlace. Mi primera participación en unos campeonatos mundiales estaba a punto de materializarse.

Pero nunca preví lo que una mañana terminaría clausurando la oportunidad de materializar mi sueño. El día 26 de Junio sufrí una fisura del cóndilo en mi rodilla derecha.

Inicialmente no parecía nada grave. Me molestaba un poco mientras caminaba, pero atribuí el dolor que me abrumaba casi toda la pierna a una sobre carga de entrenamiento causada por la sesión que había terminado en la pista de calentamiento aledaña al estadio de atletismo próximo a la piscina donde tenía meses entrenando.

Inocentemente pensé que una sesión corta en la piscina me ayudaría a descargar los músculos y todo volvería a la normalidad.

Para mi sorpresa, al levantarme al día siguiente, el dolor no había amainado lo más mínimo, lo que me llevó a un estado de pánico que nunca había vivido como atleta máster. Pero mi sueño era más importante que cualquier problema con mi fisionomía; por lo menos eso pensaba.

Continué mis entrenamientos tratando de bloquear mentalmente el dolor, pero este estaba seriamente afectando mi habilidad de patear; una a la cual le había dedicado incontables horas, dentro y fuera de la alberca. Por esta razón decidí tomar mi boya o pull buoy, como le llamamos muchos nadadores, y continué mis prácticas como un tren a todo vapor.

El suceso que selló mi destino fue la inflamación del ligamento cruzado que sufrí tratando de continuar con mi preparación física fuera del agua. El día que este segundo episodio sucedió, todo mi mundo se derrumbó.

Súbitamente pasé de ser un atleta adulto confiado, listo para medirme con los mejores nadadores del mundo de mi categoría, a una víctima de mis propios pensamientos que me llevaron hasta cuestionar mi razón de ser. En ese mismo instante sentí que había tocado fondo.

Un nuevo comienzo

Meses transcurrieron. Lentamente fui recobrando movilidad en la rodilla, lo que me motivó a cautelosamente retornar a la piscina. Durante esos primeros días en el agua, recuerdo que me paralizaba el miedo. Pensaba constantemente que me volvería a lesionar. Pero, una pequeña chispa empezaría a manifestarse dentro de mi ser y cada día que pasaba me daba más confianza.

Hice mi retorno triunfal a las competencias de natación masters a mediados de Noviembre del 2014, logrando registrar varias mejores marcas a tan solo 5 meses de haberme lesionado. Al finalizar ese evento me prometí a mi mismo, nunca más me volvería a suceder algo igual.

El 2015 representaba nuevas esperanzas. Había iniciado un nuevo año y con él nuevos proyectos que prometían convertirse en proyectos de vida. Daba comienzo a un nuevo régimen de entrenamiento, uno que me llevaría desde las cálidas aguas del mar caribe a las hermosas montañas centrales de la hermana nación de Colombia.

Nunca estuvo en duda lo que perseguiría en este nuevo año. Al iniciar el primer ciclo de entrenamientos me entregué en cuerpo y alma a la persecución de las metas atléticas que habían quedado suspendidas un pocos meses antes.

Se iban añadiendo kilómetros en la piscina. Se añadían regímenes de preparación física y nutrición que permitirían que aumentara mi rendimiento en pocas semanas. Incluiría también sesiones de fisioterapia que me asistirían en lograr una rápida recuperación. Mi desempeño en los entrenamientos empezó a mejorar.

Se añadieron a nuestro pequeño grupo de atletas nuevos compañeros que añadirían más nivel y competitividad a las sesiones de entrenamientos. Esto representó un elemento importante en el progreso que estaba obteniendo.

Empecé a participar en competencias locales, tanto federadas como masters. Empecé a experimentar un progreso constante en mis marcas. Esto alimentaba mi motivación dándome cada vez más ánimo para seguir esforzándome en los entrenamientos.

Pero en Marzo empecé a sentir una leve molestia en el hombro izquierdo. Pensé: “No es posible. Otra vez!

Mientras pasaban las semanas me hacía cada vez más fuerte. El trabajo en el gimnasio empezaba a rendir sus frutos y mi hombro, aunque a veces adolorido, permanecía estable. Seguí adelante.

Se aproximaban los meses críticos. Mayo venía acompañado de las competencias que servirían para seleccionar el grupo de nadadores y nadadoras que representarían a mi tierra natal, República Dominicana, en los Campeonatos Centroamericanos y del Caribe de Natación que se celebrarían un mes más tarde en la isla de Barbados. Era incuestionable mi participación en esa competencia selectiva.

Los resultados no se hicieron esperar. De nuevo registré varias nuevas mejores marcas. Así como mejoraban mis marcas, también lo hacía mi confianza. Restaban pocas semanas para el gran evento de mitad de año, los VI Campeonatos Panamericanos de Natación Masters.

Rumbo a Medellín

Piscinas Medellin
Piscinas Medellin

Final de Mayo, inicio del período de puesta a punto. Aumentaban los ensayos de salidas, virajes y llegadas. Asimismo, incrementábamos las mediciones de carrera y los piques de velocidad. Insertábamos días puntuales de recuperación activa con sesiones de fisioterapia y mucho descanso.

Durante el taper, empezaron a surgir algunas molestias musculares que serían parte de mi diario vivir, inclusive estando ya en Medellín, para el inicio de los Panamericanos Masters. Sólo esperaba que el hombro se mantuviera estable durante el transcurso de todos los campeonatos.

Poco a poco empecé a experimentar los beneficios del taper. Más confianza, mejor reacción, mejores reflejos, más lucidez, mejor sentimiento en el agua. Era palpable que nos quedaban sólo días para viajar a Colombia. Cuando finalmente llegó la fecha esperada, estaba en mi mejor momento para competir.

Los momentos que compartimos durante los campeonatos, entre muchos hermanos masters, convalidaron todo el tiempo que dedicamos a prepararnos para una de las mejores competiciones que jamás tuve la oportunidad de asistir. En Medellín, durante unos pocos días del mes de Junio del 2015, mi compañeros Dominicanos y nuevos amigos que hicimos allí, nos hicieron sentir como si estuviéramos en casa. Fue difícil dejar atrás la ciudad de la eterna primavera.

Conclusiones

Las experiencias que viví durante los 12 meses que transcurrieron entre lesiones me ayudaron a dar mucha importancia al proceso de preparación en sí y a pensar menos en el futuro.

Nunca sabemos cuándo tendremos que enfrentarnos a obstáculos que podrían dejarnos perplejos. Si no nos preparamos para enfrentarlos nunca podremos considerar completa nuestra preparación. En mi caso, haber aprendido de las lecciones que me propinó la primera lesión me ayudó a no desesperarme y tomar mi recuperación con calma.

En nuestras vidas este tipo de situaciones se manifiestan con frecuencia. Sea en forma de una lesión, como me sucedió a mi, o en forma de algún percance de salud o económico. Debemos siempre mantenernos serenos frente a estos eventos, ya que es cuando estamos calmados que pueden manifestarse más fácilmente las soluciones a los problemas que tanto nos abrumaban en un momento.

Es cierto, si me estuviera a punto de suceder de nuevo haría todo diferente. Pero, como los hubiera y hubieses no existen, sólo me quedó aprender de esa experiencia para hacerme mas fuerte y poder seguir practicando el deporte que tanto amo, la natación.

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